Choque cultural: Mi experiencia como profesora inmigrante en Suecia

En el año 2008  viajé a  Suecia con mi maleta llena de sueños e ilusiones. Yo soy Colombiana, de la ciudad de Barranquilla. En ese entonces yo tenía 23 años y era mi primer viaje a ese país y la primera vez que viviría lejos de mi casa y mi familia por tanto tiempo (ya han pasado 16 años). Como cualquier cambio significativo en la vida, la transición no ha sido fácil, pero me ha brindado una perspectiva enriquecedora sobre las diferencias culturales y educativas entre los dos países.

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El Choque Cultural

Al llegar a Suecia, una de las primeras cosas que noté fue la calma y la serenidad que parecen permear todo. En contraste con el bullicio de las calles colombianas, la vida en Suecia se siente más pausada y ordenada. Este cambio se refleja claramente en las aulas.

En Colombia, las aulas suelen ser dinámicas y ruidosas, llenas de energía y a veces incluso caóticas. Los estudiantes colombianos son expresivos y participativos, y es común ver discusiones animadas y debates en clase. En Suecia, las aulas son mucho más tranquilas. Los estudiantes suecos tienden a ser más reservados y a expresarse de manera más mesurada. Esta diferencia me tomó por sorpresa y requirió un ajuste significativo en mi estilo de enseñanza.

Diferencias en el ámbito educativo

1. Metodología de enseñanza:

En Colombia, la educación tiende a ser más tradicional y centrada en el maestro. Los profesores a menudo son la autoridad principal en el aula, y las clases siguen un formato de enseñanza directa, con el profesor impartiendo conocimientos y los estudiantes tomando apuntes.

En Suecia, la metodología es más centrada en el estudiante. Se promueve mucho la independencia y el pensamiento crítico. Los estudiantes trabajan en proyectos y colaboran en grupos, y el papel del profesor es más el de un facilitador que guía a los estudiantes en su aprendizaje.

2. Evaluación y calificación:

En el sistema educativo colombiano, los exámenes y las pruebas son la principal herramienta de evaluación. Los estudiantes son evaluados frecuentemente y las calificaciones tienen un peso significativo en su progreso académico.

En Suecia, la evaluación es más continua y formativa. Se pone un gran énfasis en el desarrollo integral del estudiante, y las evaluaciones suelen basarse en proyectos, trabajos y participación en clase. Las notas no son el único indicador del rendimiento del estudiante; también se valora su crecimiento personal y habilidades sociales.

3. Relación profesor-estudiante:

En Colombia, la relación entre profesores y estudiantes es más formal. El respeto hacia el profesor es muy importante, y existe una clara jerarquía en la dinámica del aula.

En Suecia, la relación es más horizontal y relajada. Los estudiantes tratan a los profesores con respeto, pero también con familiaridad. Los profesores son accesibles y se fomenta un ambiente de confianza y apertura, donde los estudiantes pueden expresar sus opiniones libremente.Todavía me cuesta que me llamen por mi nombre, sin utilizar la palabra señora, maestra, miss  antes de mi nombre.

Choque cultural entre el sistema educativo de Colombia y Suecia, escrito por una profesora colombiana. Andrea
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4. Inclusión y diversidad:

Colombia y Suecia tienen enfoques diferentes hacia la inclusión y la diversidad en el aula. En Colombia, aunque se hacen esfuerzos por integrar a todos los estudiantes, las limitaciones de recursos pueden dificultar una inclusión efectiva.

Suecia, por otro lado, tiene políticas bien establecidas para apoyar la diversidad y la inclusión. Los recursos para estudiantes con necesidades especiales son abundantes, y existe un fuerte compromiso con la igualdad de oportunidades para todos los estudiantes, independientemente de su origen o habilidades.

Adaptarse a un nuevo país y sistema educativo ha sido un reto, pero también una oportunidad de crecimiento personal y profesional. He aprendido a valorar diferentes enfoques y a incorporar lo mejor de ambos mundos en mi enseñanza. Si algo me ha enseñado esta experiencia es que, aunque las diferencias culturales pueden ser significativas, la pasión por la educación y el deseo de ver a nuestros estudiantes prosperar es un lenguaje universal.

Esta travesía me ha enriquecido enormemente y me ha enseñado que, como educadores, siempre debemos estar abiertos a aprender y adaptarnos. La educación es un campo en constante evolución, y cada experiencia nueva nos ayuda a ser mejores en lo que hacemos.

Espero que compartir mi experiencia pueda ofrecer una visión valiosa a otros que están considerando enseñar en el extranjero o simplemente tienen curiosidad sobre cómo se comparan diferentes sistemas educativos.

¡Gracias por leer!

Andrea Öst

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